Estoy enojada. Odio
vivir en una casa de otros, que no es mi propia casa en que puedo hacer lo que
quiero. La madre de nuestra casa es una madre. No es mi madre pero ella es la
figura de madre y no me gusta vivir con una madre.
Antes del momento
en que escribo esto, estaba enojada. He puesto más y mas enojada en los días recientes.
Me pongo enojada cada vez en que Arturo, el hijo de Virginia quien vive en el
otro lado de la casa, tiene treinta y seis años, es divorciado y no está
buscando trabajo, empieza a fumar otro cigarrillo y el fumo cruza el patio y
entra nuestra ventana. Me pongo enojada cuando María, la hija de Virginia quien
tiene treinta y cuatro anos y vive en España pero está aquí viviendo en la
sala, me mira como ella esta juzgándome. Me pongo enojada cuando Virginia,
quien hemos pagado para comida, compañía y la experiencia de una familia
argentina, sale para el fin de semana y cuando regresa en domingo ya no hay
comida y en lunes todavía no ha comprado más. Hoy, para el desayuno, no tuvimos
pan, no tuvimos leche, y no tuvimos fruta. Empecé a ponerme enojada.
Durante las
clases, yo estaba aburrida. La clase de literatura siempre me interesa, pero la
clase de historia no. La clase de historia no me interesa y no me gusta el
sistema que usa nuestra profesora para organizarla. Pero bueno. Clases terminaron
y Addie y yo caminamos a casa. Bueno. Llegamos. Hay fruta. Tomamos fruta y la
comemos en nuestro cuarto.
Entra Virginia, “Escúchenme.”
Malas noticias. Ella me dijo que en sábado, (día de San Patricio) había un
chico que entró nuestro edificio borracho, y dejó la puerta abierta y los
vecinos les pusieron asustados porque no sabían quién era el chico.
El chico era
nuestro amigo Zac, quien caminó conmigo hasta mi casa para protegerme y para no
tuve que caminar sola en la calle muy tarde de la noche. ¿Es una buena idea no?
La gente nos dice siempre que no debemos caminar solas durante la noche. Pero
ella me reprendió y pienso que, no estoy segura, me dijo que si tomo, bien,
pero no vuelva a casa. Pienso que ella me dijo que no debo volver, debo
quedarme en otro lado.
¡¿Qué locura es
esto?! Me puse muy enojada. Que ridículo. No había peligro. Esta conversación,
lo que ella me dijo, me parece como mi seguridad es de menos importancia que lo
de los vecinos y lo que piensan los vecinos también es más importante.
Quiero salir esta
casa. Quiero salir esta ciudad. No quiero que mi viaje termine, pero no me
gusta la ciudad, y no me gusta vivir en una casa que no es mía. No es justo,
pero la vida no es justa.
De otro tema,
anoche tuve mi primer sueño en que mi persona (del sueño) pensó en español.
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